¿En qué consiste un sermón?

Muchas personas me han preguntado si les puedo enseñar como predicar. Otros me han preguntado: ¿Cómo podemos evaluar un sermón?

Definición:

El propósito del sermón está definido en Nehemías 8:8:

“Y leyeron en el Libro de la Ley de Dios, interpretándolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura.”

El contexto de este versículo es que los Judíos habían estado en Babilonia por 70 años y estaban regresando. La nueva generación ya no hablaba Hebreo y no conocían bien las Escrituras. La respuesta del liderazgo era de leer la Biblia al remanente que regreso y explicar la lectura para que la nueva generación pudiera entender la lectura.

Propósito:

Este pasaje define el propósito del sermón: hacer que la gente entienda la lectura de las Escrituras.

Método:

De leer el texto continuo y comentar la lectura. Este método hoy se llama el sermón expositivo. No están leyendo el texto brincando de tema a tema. Están dando una lectura y comentando el texto. 

Contexto: El predicador puede explicar la situación en que el texto fue dado y la importancia que tenía para los destinatarios originales.  Si no vemos este contexto, es fácil mal interpretar el mensaje bíblico y sólo proyectar nuestras circunstancias sobre el texto.

Palabras:  Se puede explicar la palabras técnicas. “Esta palabra quiere decir: …. Entonces al terminar el sermón, no tendremos palabras tecnicas sin definición.

Argumento: Cuando uno comenta un texto continuo, se puede ver el argumento o desarrollo que el mismo autor dio a su mensaje. En contraste, si hacemos una cadena de textos que no sean continuos, se pierde el argumento porque se estara mezclando textos que forman una intencion diferente. Así la audiencia no puede llegar a comprender el argumento original. Si no presentamos el argumento bíblico, nadie va a entender nada.

Audiencia

Un buen sermón no es sólo la responsabilidad del predicador, sino también responsabilidad de la audiencia. La Biblia resalta la necesidad de estar dispuesto a escuchar la Palabra de Dios.

Un ejemplo de una buena audiencia se encuentra en Hechos 10. La audiencia debe tener una disposición hacia el sermón. Esta disposición se encuentra en Hechos 10.

Cornelio oró a Dios pidiendo que se le enviara un hombre que les pudiera predicar. Luego envió hombres a buscar a Pedro para que viniera a su casa y les predicara el evangelio a ellos (Hechos 10:30-33). Juntó a un grupo de personas para escuchar a Pedro. Y dijo, “Ahora pues estamos aquí presentes delante de Dios para oír todo lo que el Señor te ha mandado” (Hechos 10:33). ¿A Quién no le gustaría tener un audiencia así?

El Predicador

Pedro estaba listo para ir a la casa de Cornelio (un gentil) y predicarle el mensaje porque Dios le había enviado un sueño. Esta no es la forma normal que somos llamados a predicarle a alguien. En general, somos enviados y preparados por la lectura de las Escrituras. Pero esta era una situación especial. Cornelio iba a ser el primer gentil en convertirse al cristianismo. Pedro tenía que vencer sus prejuicios para poder predicar el evangelio a los gentiles.

Pedro les dijo (en griego: Pedro abrió la boca y dijo). Es necesario abrir la boca para poder predicar. Todas nuestras buenas acciones no anuncian el evangelio. Es claro en el Nuevo Testamento que la predicación del Evangelio es el medio designado por Dios para extender su mensaje. Esto esta claro en 1 Corintios 1:20-25 NBLH:

¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el que sabe discutir en este siglo (mundo)? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios mediante la necedad de la predicación salvar a los que creen. Porque en verdad los Judíos piden señales (milagros) y los Griegos buscan sabiduría;  pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los Judíos, y necedad para los Gentiles. Sin embargo, para los llamados, tanto Judíos como Griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.

La única manera que tenemos para “transformar” este mundo es por la predicación del evangelio. Hay muchas organizaciones, cristianas y no cristianas, que traten de ayudar la gente con sus problemas de comida, ropa, salud y trabajo. Sin embargo, solo la predicación del evangelio puede librarlos de la esclavitud del pecado y el ciclo de la pobreza.

Hace muchos años un misionero me dijo, “En aquella escuela suelen hablar y ensenar sobre la pobreza, pero no tienen alumnos o maestros que hallan salido de ella. Ellos son sólo personas que hablan de la pobreza sin resultados. Nosotros en cambio sólo predicamos el evangelio de Jesucristo. Nuestras iglesias están llenas de personas que salieron de la pobreza. Antes de escuchar el evangelio ellos eran pobres, alcoholicos, mujeriegos, adictos, y criminales. Pero ahora son ricos, tienen coches, trabajos y sus hijos están en las universidades. Todo por el poder de la predicación del evangelio.

El mensaje

Pedro expresó verbalmente lo que había aprendido de Jesús. “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nacion (familia) se agrada del que le teme y hace justicia. Dios envio mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio del Senor Jesucristo. Este es Senor de todos” (Hechos 10: 34-35). Es decir, que Pedro predicó el evangelio de Cristo: que todos pueden venir y reconocer que Cristo es su Señor.

Sabemos por las palabras de Jesús que todas las Escrituras hablan de El y Su evangelio. Nuestro mensaje es lo que Jesús dejo a Sus apóstoles (Lucas 24:44-49 ver también 1 Corintios 15:1-11).  Este es el mensaje que tenemos que predicar al mundo perdido.

Resultado (Hechos 10:44-48)

Aun antes de que Pedro terminara su sermón, la gente estaban creyendo en Jesucristo y recibiendo el Espíritu Santo. Y ellos estaban siendo bautizados en la iglesia como miembros plenos de ella.  El resultado de la Predicación es que las personas creen en Jesucristo. Si no están creyendo en Jesús, uno tiene que preguntarse si el mensaje es el evangelio autentico. Hay tantas otras cosas que buscamos predicar.

Publicadas por Juan C. Kennington