Apologética: definición y alcance

Apologética viene de la palabra “apologia” y en el Nuevo Testamento apología se define como defensa. Platón escribió la defensa o apología de Sócrates donde presentó argumentos para que Sócrates no fuera condenado a morir. La acusación era que Sócrates influia perversamente a los jóvenes a dejar las tradiciones de sus padres.

El primer propósito de la apologética es que cada cristiano pueda ser capaz de entender y explicar su esperanza o fe en Jesús a otras personas. Muchas veces las iglesias no cumplen en la formación de sus miembros en esta tarea. Esto debilita a la iglesia y hace mas difícil que las generaciones queden firmes en la FE.

El versículo clave para entender la defensa del evangelio es 1 Pedro 3:15. Las cartas de Pedro están escritas no a un individuo, un líder o pastor, sino a TODA la iglesia. Esto quiere decir que el mandato de Pedro es que cada cristiano debe ser capaz de dar razones de su esperanza en Jesús.

Alcanzar a los que no han escuchado el evangelio, es decir, a cualquiera que nos pregunte acerca de nuestra esperanza.

¿Qué es la doctrina cristiana? Jaroslav Pelikan define a la doctrina cristiana como “lo que la iglesia enseña y cree”. No incluye la practica de la fe cristiana. Por ejemplo, creemos  que Dios existe, en la Trinidad, que Jesús es Dios, que Jesús resucitó de entre los muertos, etc.

Una de la oposiciones a la apologética viene de un mal entendido de la frase de “tener la fe como un niño”.  Se argumenta que esta tipo de fe es de alguien que NO entiende la fe. Es Jesús quien habla de tener la fe de un niño. Pero en  Lucas 10:21 y en Mateo 11:25 la palabra “fe” como un niño significa “total confianza”, es decir, total confianza en Jesús. Esto no es un pretexto para no conocer bien la fe bíblica.

Pablo explica que esta confianza en Jesús no es una fe inmadura, ciega, fe en mis deseos, tampoco fe en los valores culturales. El dice:

“Hermanos, no sean niños en la manera de pensar. Más bien, sean niños en la malicia, pero en la manera de pensar sean maduros.”  I Corintios 14:20

Entonces, la confianza en Jesús debe ser una fe madura que conoce bien en lo que cree.

1. Cada cristiano necesitar comprender el contenido de la verdad de la fe cristiana.

Cada cristiano es llamando a la madurez en doctrina. Ef 4:13-15.   “…equipar a los santos para el ministerio hasta que estemos unidos”. El estar maduro en Cristo es un madurez doctrinal donde uno puede distinguir entre la fe verdadera en Jesús, y otras “confianzas” (dioses) que tenemos en la vida.

Gálatas 1:6-10

 Me maravillo de que tan pronto ustedes hayan abandonado (desertado) a Aquél que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente, 7 que en realidad no es otro evangelio, sino que hay algunos que los perturban a ustedes y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, les anunciara otro evangelio contrario al que les hemos anunciado, sea anatema (maldito). Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.

En Tito Pablo esta explicando las características de un anciano en la iglesia…

Porque el obispo (supervisor) debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas. 8 Antes bien, debe ser hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo. 9 Debe retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen (Tito 1:7-9)

Vivir correctamente presupone pensar correctamente.

Si tu pensar está errado, tu manera de vivir está equivocada. Pablo, en la mayor de sus cartas, arranca con el pensar y termina con el hacer. Por ejemplo, en Efesios habla de pensar (Efesios 1-3), antes que el hacer (Efesios 4-6). De hecho, nuestro hacer sale primero de lo que pensamos.

Estudiar las Escrituras y la doctrina es un acto de adoración.

¿ Recuerdan el gran mandamiento? Mateo 22:37-38 indica que estudiar las Escrituras y la doctrina es una acción para amar a Dios con todas nuestras mentes. Cuando nos sometemos a su pensamiento estamos adorando a Dios. Así, expresamos nuestro amor a Dios con nuestras mentes.

Discípulo significa “aprendiz”, uno que aprende de otro. La meta educativa es de enseñar todo lo de Jesús a sus discípulos y a los que se congregan en las iglesias hoy (Mateo 28:16-20). No es sólo las enseñanzas morales, sino toda la enseñanza de Jesús.

Cuando adoramos sin entendimiento, no estamos adorando a Dios porque no le conocemos. Estamos adorando un Dios desconocido fabricado por nuestras propias imaginaciones. Completaríamos nuestra falta de conocimiento con nuestras ideas falsas

de nosotros y de nuestra cultura. La verdadera adoración requiere que conozcamos al Dios verdadero.

4. Un barco sin timón.  Si el creyente no tiene razones para sostener su fe, va a ser susceptible a los argumentos en contra de su fe y puede adoptarlos como suyos. La ignorancia hace que la persona sea como un barco sin timón en las turbulencias de otras ideas y religiones.

5. Cristo no puede ser separado de las verdades doctrinales biblicas que le dan significado a El y a su mision.

En 2 Juan 9-11 NBLH:

“Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza (doctrina) de Cristo, no tiene a Dios. El que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguien viene a ustedes y no trae esta enseñanza (doctrina), no lo reciban en casa, ni lo saluden, pues el que lo saluda participa en sus malas obra.”

 Lo que buscamos es doctrina firme de la VERDAD y la plenitud del Espíritu en la vida del creyente.

 “En la apologetica cristiana queremos aprender no solo a defender la doctrina cristiana, si no tambien su justificacion racional. Apologetica es la parte de la Teologia Sistematica que busca defender las doctrinas cristianas y los hechos necesarios para sostenerlas”.

 William Lane Craig, “Defenders, podcast #2.

Publicadas por Juan C. Kennington